La terrible conspiración contra los desprotegidos niños que destapa el maestro Monedero

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Juan Carlos Monedero

El veto parental o del robo de los hijos‘, así se llama el nuevo artículo que el cofundador de Unidas Podemos, Juan Carlos Monedero, ha colgado en el diario ‘Público’, donde hace una encendida defensa del ‘pin parental‘ arreando a diestro y siniestro. (Monedero compara el triunfo podemita con la conquista de la Luna… y así lo bajan a tierra).

A su juicio, que rubrica también desde su programa ‘En la Frontera’, su implantación obedece simple y llanamente a un complot orquestado desde la derecha para «robar» a los ciudadanos. (El primer cambio de tercio del PSOE a Podemos por no tener casta y hacerles una mala faena).

Considera que el principal objetivo de la derecha es lograr que gente que gana mil euros al mes o menos, apoye a los que se quieren robar España con impunidad. Y para eso «necesita asustarles, convertirles en frustrados o que se sientan víctimas». (La mala uva de Monedero con el plato sorpresa que preparó a su padre esta Nochevieja).

Dice que el veto parental lo han copiado del Brasil de Bolsonaro, otro ladrón, y sostiene sin vergüenza alguna que

«A la derecha nunca le ha gustado que los sectores populares estudien. En el siglo XIX, contrataban sicarios para que golpearan o mataran a los maestros que iban a alfabetizar a los trabajadores, no fueran a enseñarles que había obreros y señoritos».

Y añade:

«Cuando por fin los hijos de los trabajadores llegaron a la escuela, la derecha quiso controlarla. Siempre, entregándosela a la iglesia. Si hacía falta, pasando por las armas o depurando a los maestros y maestras como hizo Franco.

Luego, dejando que la escuela pública se deteriorara o privatizando la enseñanza. Nada hay que dé más miedo a la derecha que un pueblo culto».

Su lección la borda afirmando que

«el veto parental quiere impedir que los hijos puedan estudiar asuntos vinculados a la ciudadanía pese a que los consejos escolares, donde están los padres, que son los que deciden, aprueben previamente que sus hijos tengan charlas sobre temas económicos, políticos, sociales o sexuales o que eviten el acoso.

Que además son evaluables. Ir a misa, si Estudiar la Constitución, toda la Constitución, eso no. El argumento es que los hijos son de los padres, algo que o es una perogrullez o esconde ideas peligrosas.

Porque los hijos los conciben, paren, cuidan y educan en sus valores los padres y las madres. Pero los hijos no son una propiedad de nadie. De nadie. No estamos en los tiempos donde los padres solventaban las discrepancias con sus hijos a hostias.

Por eso es bueno que los niños conozcan que hay más valores. Y derechos. Un padre no puede abusar sexualmente de sus hijos aunque sean suyos, ni golpearles, ni negarles el alimento y tampoco la educación.

Aunque un padre sea terraplanista no puede negarle a su hijo que estudie geología en el colegio ni un creacionista que esté convencido de que venimos de Adán y su costilla puede negarse a que le expliquen a Darwin en la escuela«.

Finalmente, pone la guinda a su desaguisado mental:

«El asunto no es ese. La derecha va a por los maestros y maestras públicos. A meterles miedo. A hacerles saber que los niños les vigilan como en el nazismo. A convertirles en sospechosos.

La derecha miente sin pudor porque necesita un clima de odio. Y dirá que adoctrinan a los niños maestros comunistas, que les lavan el cerebro maestras lesbianas o, como dice un enfermo politoxicómano devenido en político, que les enseñan en la escuela a dar por culo a su hermanito, a hacer marxistas a los niños y feminazis a las niñas.

O sea, que si enseñas a los niños a respetar la homosexualidad, les adviertes de que el porno que ven en su móvil no es una manera adecuada de aprender sexualidad o les ayudas a prevenir embarazos adolescentes o el contagio del SIDA u otras enfermedades, lo convierten en un plan comunista para robarles los hijos«.

No sin antes arremeter contra los de siempre, lanzando una advertencia final:

«Cuando VOX o el PP hablan de ideología de género es porque les molesta que se deje de agredir a las mujeres o de tratarlas laboralmente de manera desigual.

Quieren asustar a los maestros. Si dices en clase de historia que Franco dio un golpe de Estado en 1936, te acusarán de bolivariano, si dices que las dictaduras van contra la democracia, te llamarán comunista, si dices que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, te llamarán feminazi, si mencionas los casos de corrupción en clase, dirán que adoctrinas».

Y si les dejamos, volverán a encarcelarnos, a convertir España en un cuartel adosado a una capilla, a cortarle el pelo a las mujeres que no se plieguen a sus exigencias. Esta pelea no es solo del gobierno: es de todas y todos porque nos amenaza a todas y a todos. O terminaremos midiendo la libertad por la longitud de la cadena».

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